jueves, 3 de junio de 2010

Chiara "Luce" Badano

¡Hemos actualizado una de las páginas de arriba!

Os aconsejo que echéis un vistacito. Hablamos de la idea que tenemos en Septiembre de ir juntos a Italia... ¡Echa un vistazo! ¡Y aprovecha para conocer algo de Chiara Luce!

miércoles, 2 de junio de 2010

Mariápolis-Huesca 2010



Comunicando-nos entre personas y pueblos

MARIÁPOLIS: un espacio de convivencia para experimentar que la fraternidad puede ofrecer una respuesta a los desafíos que presenta nuestra sociedad multicultural.
Excursiones, momentos artísticos y espacios de comunicación que nos ayuden a dialogar en la diversidad.



«Aquí se ve que vivir es amar,
por lo que se experimenta la plenitud de la vida.
Es descanso y actividad, es alegría y experiencia.
Es la unidad, solución de los problemas sociales»
Igino Giordani

¿Cuándo?
Del 2 al 6 de agosto (se llega el domingo 1 y se concluye con la comida del viernes 6 de agosto)

¿Y los niños?
Habrá programas específicos para las edades de 4 a 17 años y servicio de guardería


Recepción:

Palacio de Congresos y Exposiciones
Avenida de los Danzantes s/n
22005 - Huesca
A partir de las 17:00 h del domingo 1 de agosto
No está prevista la cena de ese día


Secretaría Mariápolis:

Tel: 932 312 691 (de 17:00 a 20:00 h)
mariapolishuesca@focolares.es






Para inscribirse hay que ingresar 50 euros por persona como cuota de participación antes del 15 de junio en la cuenta de “la Caixa” nº 2100-0593-36-0200126961 a nombre del Movimiento de los Focolares.
Se puede realizar en un solo ingreso la reserva de varias personas. Después envíenos sus datos:
- A través de internet en www.focolares.es (indicando la fecha y la persona que efectúa el ingreso).
- O por correo postal a la Secretaría de la Mariápolis c/ Padilla 237 3º 3ª - 08013 Barcelona.
En cumplimiento de la ley de protección de datos personales la información recibida se utilizará sólo para fines organizativos y no se cederá ni comercializará a terceros.

«El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que, por causa mía, la pierda, ése la salvará» (Junio 2010)

JUNIO2010

«El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que, por causa mía, la pierda, ése la salvará». (Mt 10, 39)

Chiara Lubich

Al leer esta Palabra de Jesús se ponen de relieve dos tipos de vida: la vida terrenal, que se forja en este mundo, y la vida sobrenatural, que Dios nos da por medio de Jesús, una vida que no acaba con la muerte y que nadie puede quitarnos.

Así pues, podemos tener dos actitudes ante la existencia: apegarnos a la vida terrenal y considerarla como el único bien (y esto nos llevará a pensar en nosotros mismos, en nuestras cosas, en las criaturas; nos encerraremos en nuestro caparazón, afirmaremos sólo nuestro yo y, al final, inevitablemente, nos encontraremos sólo con la muerte como conclusión). O bien, por el contrario, creyendo que hemos recibido de Dios una existencia mucho más profunda y auténtica, tendremos el valor de vivir de manera que merezcamos ese don, sabiendo incluso sacrificar nuestra vida terrenal por la otra.

«El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que, por causa mía, la pierda, ése la salvará»

Cuando Jesús dijo estas palabras, pensaba en el martirio. Nosotros, como todo cristiano, para seguir al Maestro y permanecer fieles al Evangelio tenemos que estar dispuestos a perder la vida e incluso a morir de muerte violenta si fuera necesario. Y, con la gracia de Dios, así se nos concederá la vida verdadera. Jesús fue el primero que «perdió su vida» y la recobró glorificada. Él nos advirtió que no temiéramos «a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma».

Hoy nos dice:

«El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que, por causa mía, la pierda, ése la salvará»

Si lees atentamente el Evangelio, verás que Jesús repite esta idea al menos seis veces, lo cual demuestra la importancia que tiene y lo mucho que la valora Jesús.

Pero, para Él, la exhortación a perder la vida no es sólo una invitación a sufrir incluso el martirio. Es una ley fundamental de la vida cristiana.

Tenemos que estar dispuestos a no hacer de nosotros mismos el ideal de nuestras vidas, a renunciar a nuestra independencia egoísta. Si queremos ser verdaderos cristianos, debemos hacer de Cristo el centro de nuestra existencia. Y ¿qué quiere Cristo de nosotros? Que amemos a los demás. Si hacemos nuestro este programa suyo, sin duda perderemos nuestro yo y encontraremos la vida.

El no vivir para uno mismo no es en absoluto una actitud de renuncia, pasiva, como algunos podrían pensar. El compromiso de los cristianos es muy grande siempre, y su sentido de responsabilidad es total.

«El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que, por causa mía, la pierda, ése la salvará»

Ya en esta tierra podemos experimentar que, si nos donamos, si amamos concretamente, crece en nosotros la vida. Cuando pasemos todo el día sirviendo a los demás, cuando sepamos trasformar el trabajo diario, aunque sea monótono y duro, en un gesto de amor, tendremos la alegría de sentirnos más realizados.

«El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que, por causa mía, la pierda, ése la salvará»

Si cumplimos los mandamientos de Jesús, que están todos basados en el amor, después de esta breve existencia alcanzaremos la vida eterna.

Recordemos cuál será el juicio de Jesús el último día. A los que están a su derecha les dirá: «Venid, benditos,… porque tuve hambre y me disteis de comer...; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis...».

Para hacernos partícipes de la existencia que no acaba, mirará únicamente si hemos amado al prójimo y considerará que le hemos hecho a Él lo que le hayamos hecho al prójimo.

Entonces, ¿cómo viviremos esta Palabra? ¿Cómo perderemos desde hoy nuestra vida para encontrarla?

Preparándonos para el gran examen decisivo para el que hemos nacido.

Miremos alrededor y llenemos el día de actos de amor. Cristo se nos presenta en nuestros hijos, en nuestra mujer, en nuestro marido, en los compañeros de trabajo, de partido, de diversión, etc. Hagamos el bien a todos. Y no nos olvidemos de los que conocemos cada día por los periódicos, a través de amigos o por la televisión…

Hagamos algo por todos, según nuestras posibilidades. Y cuando nos parezca que se han agotado, aún podremos rezar por ellos. Es amor que vale.